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Es indudable que en la medida que una Iglesia se va fortaleciendo en la fe surjan una serie de preguntas, una de ellas podría ser ¿Es necesaria una confesión para una Iglesia Cristiana?, quiero exponer 4 razones del porqué está pregunta tiene una respuesta afirmativa:
1. Una confesión es un medio útil para la declaración y defensa públicas de la verdad.
La Iglesia ha de retener ‘la forma de las sanas palabras’ (2 Ti. 1:13), contender ‘ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos’ (Jud. 3), y estar firme ‘en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio’ (Fil. 1:27). Una confesión es una útil herramienta para distinguir la verdad del error y para presentar sucintamente las doctrinas centrales de la Biblia de forma íntegra y en las debidas proporciones.
En primer lugar, una formulación confesional es parte de la tarea pública de enseñanza de la Iglesia. Una confesión de fe es una definición pública para los que están fuera de nuestras iglesias de las cuestiones centrales de nuestra fe, un testimonio al mundo de la fe que sostenemos a diferencia de los demás.
En segundo lugar, una confesión de fe es un instrumento útil en la instrucción pública de la congregación. Una confesión es un tratado breve de teología que puede utilizarse para dar a nuestra congregación una amplia exposición a la verdad, así como una cerca contra el error. Facilita grandemente la promoción del conocimiento cristiano y una fe discriminadora entre el pueblo de Dios y otros que asisten al ministerio público de nuestras iglesias, siendo asimismo una ayuda útil para el pueblo de Dios en la instrucción de sus hijos.
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Además, una confesión de fe sirve como marco, dentro del cual nuestra congregación puede recibir con conocimiento la predicación de la Palabra, así como para alertarla contra lo novedoso y lo erróneo, dondequiera que lo confronte.
2. Una confesión sirve de norma pública de comunión y disciplina.
La Biblia considera la iglesia local no como una unión de aquellos que han acordado diferir, sino un cuerpo caracterizado por la paz y la unidad. La Iglesia ha de ‘guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz’ (Ef. 4:3). Sus miembros han de ser ‘unánimes’, es decir, de un corazón, alma, espíritu, mente y voz (Ro. 15:5,6; 1 Co. 1:10; Fil. 1:27; 2:2).
Una confesión ayuda a proteger la unidad de una iglesia y a preservar su paz. Sirve como base de comunión eclesiástica entre los que están tan casi de acuerdo como para poder andar y trabajar juntos en armonía. Congrega a los que sostienen una fe común y los une en una comunión.
Jesús dijo: ‘…toda… casa dividida contra sí misma, no permanecerá’ (Mt. 12:25). ¿Pueden los calvinistas, los arminianos, los pelagianos y los unitarios orar, trabajar, tener comunión y adorar juntos en paz y con provecho, mientras que cada uno sostiene y promueve sus propias nociones de la verdad? ¿Quién dirigirá el culto o predicará? ¿Pueden los que creen que Jesús es Dios orar con los que consideran ese culto una idolatría? ¿Pueden los que profesan ser justificados por la fe en Cristo solamente tener comunión con los que creen lo contrario? ¿Pueden sentarse juntos a la misma mesa sacramental? ¿Pueden los que creen en la inspiración verbal y plenaria compartir el púlpito con los que niegan esa doctrina?
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